Kaveta Pacovska

La semana pasada mientras mis alumnos aprendían cómo sujetar un lápiz para poder realizar trazos, corregí a uno de los niños que, sin ningún tipo de vergüenza, me dijo: “Es que no sé”. Equivocarse es algo a lo que debes enfrentarte cuando estás aprendiendo y uno de los mensajes que se dan a diario en las aulas de Infantil es: “No pasa nada. Estás aprendiendo y a veces cuando lo intentas no sale, pero si lo repites más veces… lo conseguirás”.

La pedagogía del éxito, una de las corrientes con las que desde hace mucho tiempo hemos sido educados, nos ha marcado la idea de que el error debe evitarse ya que la finalidad de la educación es formar a personas ganadoras y por tanto si te equivocas eres corregido y en algunas ocasiones, incluso castigado. Por otro lado la pedagogía del error parte del principio de que éste es un elemento inseparable de la vida, la finalidad de la educación se centra en la reflexión y el aprendizaje se convierte en un proceso autónomo y colaborativo en el que se parte de las equivocaciones porque son las que marcan la pauta hacia donde nos dirigimos.

Me sorprende la capacidad que tienen los niños para reconocer que no saben hacer algo y la valentía con la que afrontan un nuevo intento hasta que sale.

Cuando los adultos nos enfrentamos a esa misma situación nuestros egos, miedos y prejuicios nos llevan a desistir en los primeros fracasos. Quizá deberíamos volver la vista a nuestros años de escuela infantil y recordar (si es que podemos) cómo aprendimos a escribir nuestro nombre: repitiendo, volviéndolo a intentar y  teniendo la certeza de que si seguíamos practicando…lo conseguiríamos.

Ilustración de Kveta Pacovska

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