Un día en el cole. Adrián 4 años.
Un día en el cole. Adrián 4 años.

El período de adaptación a la escuela supone para los niños un cambio importante. Es quizá el momento en el que asisten al colegio por primera vez. Tienen que acostumbrarse a rutinas distintas, ampliar los lazos afectivos que hasta ahora han tenido centralizados en su familia, respetar normas, conocer un entorno nuevo y relacionarse con personas desconocidas.

Todo ello supone un esfuerzo para todos y cada uno de los agentes implicados en la escolarización: niños, familias y maestros. Creo que en este caso, el esfuerzo siempre aporta una recompensa.

Sé que no hay recetas perfectas para poder hacer las cosas bien. Sé que lo que hoy me funciona, mañana puede no dar resultado. Sé que cada vez que recibo a un nuevo grupo de 3 años aprendo, repito lo que  sé y cambio lo que necesito. Pero aún así hay cosas que me gusta tener siempre en cuenta y hoy quiero compartirlas.

Ahí van mis ingredientes para un período de adaptación rico, rico:

1 pieza de empatía. Porque me ayuda a ponerme en el lugar de los niñ@s, de sus familias, de mis compañer@s y la necesito para comprender.

3 partes completas de respeto. Respeto al ritmo de cada uno, a las necesidades de los niños de esta edad, a las características individuales, a los miedos y preocupaciones de sus familias.

1 cazo entero de confianza plena. Porque cuando confías en ti misma, en tu experiencia, en tus ganas, en los niños y en lo que piensan/sienten o hacen sus familias, impregnas el aula de confianza y cuando nos sentimos seguros podemos ser nosotros mismos.

1 buen puñado de calidez. Para que te sientan cercana, acogedora, real y feliz.

1 vaso lleno de positividad. Porque hay momentos en los que las cosas no salen, porque a veces me siento sobrepasada, porque la necesito y la necesitan.

2 cucharadas de coordinación. Coordinación con su entorno más cercano, con mis compañeros, con el personal no docente y conmigo misma.

1 pizca de calma. Para que se respire un ambiente tranquilo, para que podamos sonreírnos y reírnos, para que podamos llorar cuando lo necesitemos, para que encontremos consuelo y nos reconozcamos paso a paso.

Aderezamos todo con un toque de ilusión porque si yo estoy ilusionada, mis alumnos lo estarán y porque quiero que la ilusión nos acompañe todo el curso. Espolvoreamos un poco de creatividad para encontrar soluciones diferentes a cuestiones imprevistas. Abrimos bien los ojos y los oídos para que no se nos escape nada. Lo mezclamos todo bien y servimos bien caliente.

Me gusta recordar cómo mis alumnos llegan al colegio cuando aún no me conocen y cómo poco a poco nos vamos acercando.

¡Buen provecho!

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