Observándonos
Observándonos

Los niños se fijan en todo. Y aunque a veces creamos que no se están dando cuenta de lo que hacemos y decimos o que aún son demasiado pequeños para comprender ciertas cosas, siempre están observándonos.

Durante los primeros años de vida aprendemos a través de la interacción, la exploración y la imitación. Cuando actuamos mostramos lo que somos y los pequeños no se pierden un detalle.

Qué valores son positivos para los adultos que me rodean, cómo debo comportarme en determinadas situaciones, qué está bien y qué no, qué expresiones debo usar cuando hablo, qué tono tengo que emplear con otras personas, qué lenguaje corporal debe acompañar a mis palabras…casi sin darnos cuenta damos respuesta a todas estas cuestiones a lo largo del día.

Acompañar a los niños en su desarrollo es una responsabilidad y no hay que tomarlo a la ligera. Yo en ocasiones me he visto reflejada en sus actitudes, en sus gestos o sus comportamientos. Así que trato de tener cuidado con algunas cosas (otras se me escapan inevitablemente) y procuro ser como me gusta que sean.

Me encantan las listas y los que me siguen habitualmente ya lo saben, así que esta vez voy directa a una de ellas. Aquí va lo que sería mi decálogo para ser un buen referente:

1. No mientas. Me gusta transmitir a mis alumnos que las mentiras son peligrosas porque hacen daño a la gente que te quiere y trato de no mentir cuando les hablo. Si prometo hacer algo especial después del recreo, hay que cumplir lo que se ha prometido.

2. Sé coherente. Si toca fruta para desayunar y animo a que los niños sigan esa norma yo ese día también llevo manzana o pera o naranja. Esta misma premisa es aplicable a muchas otras situaciones.

3. Reconoce tus errores. Os aseguro que cuando un niño observa cómo el adulto al que admira reconoce que ha cometido un error y le pide disculpas, algo debe cambiar en su interior porque se nota en la expresión de su cara.

4. Sé real. Asumir que no lo sabes todo, que tú también tienes miedo, que tienes virtudes y defectos, que los conoces, que actúas en consecuencia y que sigues aprendiendo aunque seas mayor no te hace perder autoridad, te convierte en una persona de carne y hueso y es lo que ellos necesitan.

5. Utiliza las palabras mágicas. “Por favor” y “gracias”: sirven para abrir la cueva del tesoro.

6. Sé respetuoso. Con los demás, con sus cosas, con sus pensamientos, con sus creencias, con tu entorno, con las normas establecidas y contigo mism@.

7. Di lo que piensas y sientes. En este sentido no hay respuestas “correctas”. Si tú lo haces, los niños lo harán.

8. Sé cariñoso. Sobre esto ya he hablado en un post anterior, os invito a que lo leáis de nuevo.

9. Muéstrate reflexivo. Pensar no es un castigo, concéntrate cuando tengas que hacer algo con cuidado, presta atención cuando te hablen, muestra interés por lo que te rodea, demuestra curiosidad y comparte lo que descubras.

10. Y por último, disfruta de lo que te hace disfrutar y disfrútalo con ellos. Sobre gustos no hay nada escrito, pero lo que les llegará sin duda alguna será el entusiasmo con el que vives ese momento y disfrutarán contigo porque te verán feliz.

Sé que a veces es difícil poder cumplirlo todo, pero para eso está el punto 3. (Vuelve a leerlo)

Me gustaría no olvidar que soy para ellos un modelo a seguir y que debo esforzarme mucho para ser un buen referente. Como dijo una vez el autor americano Robert FulghumNo nos preocupemos porque nuestros hijos no nos escuchen, preocupémonos porque siempre nos estan observando“. Seamos dignos de imitación.

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