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Yo creo, tu creas, él crea, nosotros creamos, vosotros creáis, ellos crean.

Hoy en mi clase hemos estado dibujando. No como en el cuento de Helen Buckley en el que un niño pequeño llega a una escuela grande donde le “enseñan” a hacer flores rojas con el tallo verde, no.

Hoy hemos estado dibujando sin modelos, sin estereotipos, ni premisas. Hemos estado pintando simplemente por el placer de hacerlo. Expresando quienes somos, sin control, sin tiempo y sin exigencias.

Hoy nos hemos dejado llevar por lo que Arno Stern llama: la educación creadora. Una perspectiva nueva respecto al dibujo en la que éste deja de ser un producto artístico para convertirse en juego, entendiendo que el juego es una actividad inherente al ser humano con el que se manifiesta nuestra capacidad de crear.

Hoy he propuesto el juego de dibujar sin más y he preparado un espacio en el que diferentes personas (niños y yo) nos hemos sentido libres para pintar sin instrucciones, sin juicios, ni competiciones.

Hoy hubo niños que eligieron sus colores favoritos. Otros se lanzaron a elegir colores que nunca usan. Algunos se dibujaron a sí mismos, otros hicieron caras y los hubo que pintaron monstruos. También hubo un niño que cubrió lo que había dibujado con pintura hasta que dejó de verse la figura inicial. Algunos experimentaron con el trazo e incluso hubo varios que decidieron pintar juntos sobre el mismo papel y realizaron un dibujo en equipo.

Hoy mis alumnos no han dibujado dibujado para comunicar. No han dibujado para mostrar algo. Han dibujado para construir un mundo que es suyo, sólo suyo, libre de cualquier intrusión.

Hoy mis alumnos han estado creando y en los tiempos que corren, la posibilidad de crear, es lo que aún nos queda.

 

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