https%3A%2F%2F40.media.tumblr.com%2F3230c1ce930b50397ff53849181a2518%2Ftumblr_mz0oy2MrCd1r8xt4ho1_1280Suena el despertador. Aún no ha amanecido y empieza la jornada aunque ni siquiera he llegado al colegio. Me pregunto cómo estará el niño que ayer se marchó a casa llorando y cómo vendrá hoy “el que siempre entra enfadado”.

Me preparo el café y me siento a comer algo mientras recuerdo mentalmente qué debo decir a los padres que luego vienen a reunirse conmigo para que les informe de los avances de su hijo en el colegio.

En la ducha repaso lo que tengo programado para hoy: ¿he preparado las fotocopias? ¿tengo las cartulinas? ¿había algún cambio de horario debido a las necesidades del centro?……

Conduzco y aunque aprovecho ese momento para cantar, sigo pensando: “Tengo que preguntar a los padres de Rafa si ya le han llevado al médico para hacerle la revisión. Espero que le pongan gafas porque las necesita”.

Suena el timbre y abro las puertas. Ahora sí, oficialmente empieza la jornada. Saludo a todos según van entrando, les ayudo con los abrigos y les dedico unos minutos. “Hola, buenos días. ¿Qué tal has dormido?¿Cómo estás hoy? ¿Te dolía la tripa? ¿Ya estás mejor? ¡Te hemos echado de menos!”… y así hasta 22.

Conseguimos sentarnos todos para empezar. Hoy tengo preparado algo realmente interesante, pero rápido debo cambiar de planes cuando observo que el interés de los niños se dirige claramente hacia los calcetines nuevos de Dani porque “tienen orejas”. Resuelvo bien y consigo que esa situación imprevista nos permita trabajar algunos conceptos matemáticos y por qué no, también reírnos un poco.

Llega el momento de jugar por equipos. Mientras unos juegan otros se sientan conmigo para profundizar un poco más en el concepto “grande-pequeño”. Me acerco a un par de niños que pelean por la pizarra mágica y les oriento a resolver el conflicto. Hago observación general de todos los demás para ver cómo se relacionan, a qué están jugando, cómo usan los materiales, si están hablando entre ellos y de qué. Sigo profundizando.

Antes de salir al recreo y mientras ellos desayunan, me da tiempo a leer el informe del logopeda que ha traído una madre. El niño necesita intervención, pero la familia no tiene recursos. Tengo que hablar con quien corresponda para iniciar el protocolo. A ver si luego antes de irme puedo pasarme por su despacho y lo resolvemos.

En el patio tenemos dos accidentes. Uno de ellos con sangre de por medio y hay que poner hielo. Además Laura se ha caído al resbalar con la arena y se ha raspado las manos. En realidad está bien, pero necesita sentirse acompañada así que la acompaño. Un niño se acerca porque tiene frío, le cojo  las manos y también le acompaño. Busco con la mirada “al que siempre pelea por el triciclo”, espero que hoy esté más tranquilo y que disfrute.

Volvemos al aula. Descansamos, cantamos, jugamos con el ordenador, leemos un cuento y volvemos a jugar. Aprovecho para sentarme a hablar con “el niño que no quiere venir al colegio”. Lo sé porque me lo ha dicho su madre y está preocupada. Tengo que hablar con ella.

Antes de salir ayudo al que “aún no sabe bajarse los pantalones” para ir al baño. Hoy prefiero que no se moje la ropa y estoy segura de que él también lo quiere así.

Nos despedimos. Me reúno con los padres que necesitan orientación. Reviso cuántos niños faltan por traer la autorización para ir a la excursión. Subo al despacho de quien corresponde para comentar lo del niño que necesita un logopeda y ofrecerle la ayuda necesaria. Parece que vamos a resolverlo.

Antes de marcharme tengo que llamar a la familia de Pablo para que le traigan más ropa de cambio. Salgo del colegio, conduzco y mientras canto pienso en el niño “al que van a ponerle gafas”. Me alegro porque las necesita.

Llego a casa y busco recursos para el taller de plástica que vamos a hacer la semana que viene. Investigo un poco sobre nuevas formas de hacer las cosas. Grabo las canciones para el festival de Navidad y mientras tanto me pregunto, cómo estará hoy el niño que se fue a casa llorando.

Se hace de noche y ya no estoy en el colegio, pero sigo trabajando. “No puede existir dedicación más hermosa que ésta” (Historia de una maestra. Josefina R. Aldecoa)

Me sorprende que lo que más llame la atención de los maestros sigan siendo nuestros días de vacaciones.

Advertisements