reggio emilia
Fuente: The wonder of learning

El niño esta hecho de cien.
El niño posee cien lenguas
cien manos, cien pensamientos
cien formas de pensar, de jugar y de hablar.

Cien, siempre cien,
maneras de escuchar,
de sorprender y de amar,
cien alegrías para cantar y entender
cien mundos para descubrir
cien mundos para inventar
cien mundos para soñar.

El niño tiene cien lenguajes
(y más de cien, cien, cien)
pero le roban noventa y nueve.

La escuela y la cultura
le separan la cabeza del cuerpo.

Le dicen que piense sin manos
que haga sin cabeza
que escuche y que no hable
que entienda sin alegrías
que ame y se maraville
sólo en Semana Santa y en Navidad.

Le dicen
que descubra el mundo que ya existe
y de cien le roban noventa y nueve.

Le dicen
que el juego y el trabajo,
la realidad y la fantasía,
la ciencia y la imaginación,
el cielo y la tierra,
la razón y el sueño,
son cosas que no están juntas.

De hecho le dicen
que el cien no existe.

Y el niño dice:
En cambio el cien existe.

Loris Malaguzzi

Una de las aportaciones que más me gusta de la pedagogía Reggio Emilia (pdf) es que se basa fundamentalmente en la escucha.

Pero no escuchar para atender, sino escuchar para comprender. Escuchar para conocernos, para ponernos en el lugar del otro, para entender sus razones y motivos y para establecer una relación humana que trascienda al proceso de aprendizaje.

Loris Malaguzzi, fundador de estas escuelas en el norte de Italia a mediados del siglo pasado, habla de los cien lenguajes del niño.

Escuchar los cien lenguajes de 22 alumnos puede llegar a ser una hazaña casi imposible, pero yo me esfuerzo cada día para conseguirlo. Pongo mis ojos a su altura y escucho. Parece fácil, pero no lo es tanto.

Deberían añadir una asignatura en el currículo que nos enseñase a escuchar. A escuchar de corazón, a escuchar para comprender, para ponernos en el lugar del otro, para entender sus razones y motivos y para establecer relaciones humanas que se miren a los ojos.

Advertisements