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Fuente Pixabay

He de reconocer que desde hace algunos años venía considerando que trabajar el cambio de estación en el aula de Infantil era un asunto bastante alejado de la realidad ya que para los niños de hoy en día es muy difícil identificar en qué momento del año nos encontramos porque los días de invierno ya cada vez son más verano, algunos de otoño son como primavera y los de primavera se parecen más a los de otoño. Una locura, vamos.

Pero lo cierto es que recientemente he comenzado a sentir la necesidad de volver a hacerlo porque al celebrar el cambio de estación me siento más conectada con la naturaleza, naturaleza que somos. Y si yo soy consciente de ello, podré transmitirlo en mis clases.

Investigando un poco sobre educación, ritmos y cambios de estación he llegado hasta la pedagogía Waldorf y aunque aún hay muchas cosas que desconozco de esta forma de entender la educación y la vida, he descubierto algunos aspectos interesantes que podrían llevarse a cabo en una escuela ordinaria como la mía.

Obviamente, cuando empiece de lleno con este proyecto trataré de dar un enfoque personal a todo lo que estoy recogiendo, que es lo que al final me gusta hacer en educación, aprender de lo bueno y seguir siendo yo misma allá donde trabaje.

Para los profesionales Waldorf, el ritmo y la vida son dos conceptos inseparables. Vivimos inmersos en grandes ritmos de la naturaleza como son los ritmos del sol, las fases de la luna, el día y la noche, los meses del año…etc. Hoy en día los ritmos de los quehaceres diarios se aceleran y en numerosas ocasiones nos sorprendemos “metiendo prisa” a los niños porque según decimos constantemente no tenemos tiempo.

Observar el ritmo que marca la naturaleza nos invita a pisar el freno. Detenernos, observarnos como una pieza más de ese engranaje que es el mundo y sentirnos parte de él, aunque sólo podamos hacerlo en un momento del día, o incluso en un momento del año.

Restaurar ese ritmo natural en la escuela ayuda a que los niños crezcan de forma saludable, favorece la confianza en uno mismo, promueve el desarrollo de la inteligencia emocional y estimula la concepción del entorno como algo que forma parte de nosotros y que debe ser tenido en cuenta para respetarlo, cuidarlo y protegerlo.

La programación de una escuela infantil Waldorf se basa en el ritmo cambiante de las estaciones y en actividades rítmicas diarias que combinan la expansión y la concentración. El ritmo semanal viene marcado por una actividad específica en la que se centran cada día, y el ritmo mensual por las festividades que señalan el cambio de estación.

Una de las actividades que más me han llamado la atención y que pienso comenzar a hacer con mis alumnos en cuanto consiga involucrarles en ello y estemos lo bastante motivados como para disfrutarlo juntos son las mesas de estación.

Una mesa de estación consiste en un rincón del aula dedicado a observar el paso del tiempo. Es un rincón  muy especial que se decora con intención, con elementos elaborados por los propios niños y que supone llevar un pedacito de naturaleza a la escuela. La mesa se decora con telas de colores asociados a cada estación y se incorporan objetos, que suelen traer los propios niños recogidos de la naturaleza, y que son característicos de cada momento del año.

¿Qué os parece?¿Os animaríais a poner una mesa de estación en vuestro aula y/o vuestra casa?¿Por qué? Os dejo pensando en ello y no dudéis en compartir vuestras reflexiones.

Hasta la semana que viene y que DISFRUTÉIS DE LA PRIMAVERA!!!

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