kitchen-garden-960542_1920

Todo comenzó una mañana cuando uno de mis alumnos llegó a clase con un folleto que anunciaba la apertura de un nuevo vivero en la vía de servicio. Siempre me he preguntado por qué nos empeñamos muchas veces en proponer proyectos que suponemos responden a los intereses de los niños y después llegan ellos y…te sorprenden.

Ese folleto que aquel niño posiblemente había cogido de la mesa de la cocina sin decir nada a sus padres y que mostró en la Asamblea como si de un tesoro se tratara, supuso el inicio de una conversación que duró más de media hora y el comienzo de un proyecto que planteaban ell@s con tan sólo 3 años.

Rápidamente entendí que debíamos aparcar el tema que yo tenía preparado para lanzarnos de lleno a hacer un huerto en nuestro cole.

Yo ya había tenido la oportunidad de vivir la experiencia de montar un huerto en una escuela anteriormente. En aquella ocasión teníamos un espacio amplio cerca de nosotros que las familias nos ayudaron a preparar para sembrar y plantar. Además pudimos dividir el terreno en parcelas y aún nos quedaba sitio para realizar unos senderos por los que se podía caminar sin pisar la tierra cultivada. Finalmente llevamos una manguera desde el pabellón de Infantil hasta el huerto y con ella regábamos todas las mañanas.

Sin embargo en esta segunda ocasión no teníamos terreno (o al menos no cerca de nosotros) para poder montarlo. Así que decidimos utilizar lo que teníamos a nuestro alcance: una jardinera que llevaba meses cogiendo arena en un rincón del patio.

20150505_154649

Cogimos la jardinera, la limpiamos y la preparamos para que estuviera lista cuando llegara el sustrato. En realidad para hacer un huerto en clase o en casa se puede utilizar cualquier material que se os ocurra: botellas de plástico, macetas decoradas por vosotros mismos, ruedas, cajones de madera…etc. Hay millones de ideas en Internet para hacerlo. Aquí os dejo una muestra.

El día que llegó la tierra fue una auténtica fiesta. Por turnos fuimos metiendo las manos en el saco y así llenamos nuestra jardinera. Nos manchamos y mucho, pero es lo que suele pasar cuando metes las manos en la tierra y no nos importó.

Después sembramos las semillas de cebolla, calabaza y calabacín y plantamos las matas de tomates, fresas y lechugas. Colocamos “nuestro huerto” en un lugar estratégico en el que recibiera luz, pero no le diera el sol directamente y cada mañana salíamos al patio después de la Asamblea a observar el crecimiento de nuestras plantas. El encargad@ de ese día regaba el huerto y juntos pasábamos un ratito al aire libre.

Esta actividad fue una motivación en sí misma para seguir investigando cosas sobre el mundo vegetal:

  • Descubrimos la diferencia que había entre frutas y hortalizas y jugamos a clasificarlas.
  • Aprendimos el nombre de las herramientas que se utilizan para arar, sembrar y recolectar.
  • Leímos que no todas las semillas pueden plantarse en las mismas fechas.
  • Ordenamos secuencias que reflejaban el crecimiento de una semilla.
  • Leímos libros sobre el huerto.
  • Jugamos a las adivinanzas.
  • Investigamos qué platos podíamos cocinar con alimentos vegetales y aprendimos el nombre de alimentos que no conocíamos.

una-cocina-tan-grande-como-un-huerto_l

  • Hicimos un taller de  un espantapájaros
  • Asumimos la responsabilidad de cuidar algo.
  • Y aprendimos que juntos formábamos un buen equipo y que entre todos habíamos conseguido sacar adelante algo muy grande en un espacio diminuto.

Terminamos el curso comiendo ensalada y os aseguro que fue la ensalada más rica que habíamos comido nunca o al menos era la que habíamos plantado, cuidado y recogido nosotros. Era nuestra ensalada y el esfuerzo había merecido la pena.

Advertisements