2016-04-28 19.48.20

Había una vez una niñita que tenía un lápiz marrón y se encontró con un ratón llamado Frederick.” Éste es el punto de partida de una aventura extraordinaria que se desarrolla a lo largo de un curso en un aula de Infantil en el que la maestra Vivian Gussin Paley, autora del libro “La niña del lápiz marrón”, pasa su último año de trabajo como docente antes de despedirse definitivamente de la escuela.

La maestra cuenta en este libro la historia de su despedida y el descubrimiento de Reeny, una niña que siente especial predilección por utilizar en sus dibujos la pintura de color marrón. Motivada por el interés que demuestran los niños y las conversaciones que escucha entre ellos tras leer un cuento en el aula, decide dedicar su último año de trabajo a indagar junto a sus alumnos las posibilidades que ofrecen los libros de Leo Lionni.

A través del ratón Frederick, el pájaro Tico, el cocodrilo Cornelius, Pequeño azul y pequeño amarillo y muchos otros libros, los niños de esta escuela y su profesora abordan temas como el papel del artista en la sociedad, las condiciones necesarias para pensar, la influencia de la música y el arte en las emociones, el papel del individuo en un grupo, la amistad, el conocimiento de uno mismo o la interculturalidad.

Quizá parezca que todos estos temas constituyen una actividad intelectual demasiado intensa para niños tan pequeños, pero lo cierto es que tal y como afirma la auxiliar de Vivian en el libro, “los niños necesitan relatos como estos, relatos que despierten sus sentimientos y sus interrogantes más profundos”.

Sin embargo, este post no es una reseña sobre el libro. Ni siquiera es un post sobre los libros de Leo Lionni y tampoco voy a ofrecer actividades o pautas para realizar en el aula a partir de la lectura de los mismos. No.

Hoy escribo sobre este libro porque por alguna extraña motivación he vuelto a releerlo después de mucho tiempo. Éste es uno de los libros a los que recurro cuando mi ánimo desfallece un poco en el aula o cuando el cansancio hace estragos a mi motivación.

La niña del lápiz marrón” me transmite esperanza, ilusión por seguir haciendo lo que me gusta como me gusta y fuerza para volver mañana al colegio con ganas de escuchar a los niños y de seguir sabiendo quiénes son.

Cuando leí este libro hace ya algunos años me pregunté si acaso yo podría hacer lo mismo y registrar de una forma tan delicada las experiencias que un grupo de personas viven en su aula. Por eso creo que este libro fue una motivación que necesitaba para comenzar a escribir un blog como éste. Y creo que este libro es necesario para mi ahora porque necesito recordar que quiero seguir dedicándome a esto con pasión.

Yo también necesito que en la clase haya pasión. Necesito la intensa preocupación de un grupo de niños y maestras que inventan nuevos mundos mientras aprenden a conocer recíprocamente sus sueños.” Ojalá yo pueda seguir diciendo cosas tan bonitas de mi profesión el año que me despida de mi trabajo como docente y ojalá sea dentro de mucho tiempo.

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