Search

La jirafa diminuta

cosas que pasan en un mundo de pequeños

Month

May 2016

Carrera de fondo

snails-201989_1920

Hace días leí un artículo de Naomi Aldort en el que la autora del famoso libro “Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos”, establece ocho aspectos importantes a la hora de declarar total confianza en los niños.

Este listado de recomendaciones se dirige fundamentalmente a familias que están interesadas en elegir un modelo educativo de crianza natural y uno de esos puntos me llamó la atención especialmente porque últimamente he estado reflexionando sobre los recursos que podemos emplear para regular algunas conductas “inadecuadas” en el aula.

Sirva de precedente decir que siempre considero que ese tipo de conductas tienen un motivo que las origina y que puede variar desde la falta de sueño, a la necesidad de atención, la experimentación de independencia, el exceso de sobre-protección… en fin, motivos hay muchos y cuando conoces al niño o a la niña en cuestión e investigas un poco, puedes descubrir ese motivo y pasar a la acción aunque lo cierto es que no siempre funciona. Y yo me pregunto ¿por qué?.

Los adultos nos hemos estado preocupando por cómo debemos regular la conducta de los niños y muchas veces nos hemos sentido frustrados cuando hemos observado que a pesar de nuestros esfuerzos esos límites que hemos impuesto han sido rebasados constantemente.

Sinceramente considero que los límites son necesarios porque los tenemos por todas partes. Los hay en la carretera, en las relaciones personales, en las relaciones laborales…y debemos respetarlos porque sólo así podemos vivir en comunidad. Eso también deben aprenderlo los niños, pero también creo que quizá haya llegado el momento de preguntarse de qué otra manera podemos regular su conducta de forma que demos respuesta a lo que se está demandando de cara al futuro.

Naomi Aldort afirma que los niños responden mejor al liderazgo que al control y yo personalmente creo que esa es una de las cualidades fundamentales para el docente del siglo XXI: la capacidad de liderar.

El camino que aún nos queda por recorrer es largo y difícil, como una auténtica carrera de fondo, ya que hasta ahora la idea que tenemos de líder no encajaría de ninguna manera en nuestra sociedad del futuro. Y así lo demuestran algunas conductas en el aula.

Para mi, un líder tiene que ser consciente de cuáles son sus propios límites. No es un trabajo fácil ya que descubrir que no tienes superpoderes o que tu trabajo no consiste en salvar a la humanidad y aceptarlo puede ser duro, pero desde mi punto de vista es el primer paso para dejar de ser “el que manda” para pasar a ser “el que acompaña”.

Además un líder tiene que acostumbrarse a observar. Observar las relaciones que se establecen entre los niños, los cambios que puedan producirse, las dificultades que tiene cada uno, los gustos e intereses que demanda el grupo, las características individuales, los aspectos emocionales que puedan interferir o beneficiar en una situación determinada…etc. Hay que observar mucho, observarlo todo.

Un líder en el aula tiene también que saber escuchar y no tanto hablar. Hacer buenas preguntas, reconocer que hay cosas que no se tienen por qué saber y que nunca dejamos de aprender. Tiene que saber escuchar, pero no para responder sino para comprender. Sobre esto ya hemos estado hablando hace algunas semanas en un post anterior.

Y finalmente, un buen líder en el aula tiene que hacer las cosas con pasión. La pasión no se puede disimular, si se tiene se nota y los niños la notan. Hay que aprovechar las situaciones para aprender y para crecer, hay que sentir, emocionarse, adaptarse a las necesidades de los alumnos en función de su edad y disfrutar con lo que está haciendo. Eso también lo notan.

No sé vosotr@s, pero yo tengo la sensación de que aún tengo un largo proceso por delante. Al menos aún ya sé por dónde empezar y es que toda carrera de fondo comienza con un primer paso.

Advertisements

Nuestro comienzo

playground-902226_1920

Querido R.:

Estamos entrando en la recta final del curso y aún recuerdo como si fuese ayer el primer día que entraste por la puerta del colegio. Tus pasos asustados y tu mirada huidiza delataban que iba a ser difícil para ti adaptarte a un lugar tan extraño. Un lugar en el que hablaban otro idioma distinto al que habías escuchado en casa desde que naciste. Un lugar repleto de caras nuevas, demasiadas quizá para alguien que nunca se había separado de sus padres.

Ese día iniciabas un proceso muy grande para un niño muy pequeño, pero ese día comenzábamos a caminar juntos y aunque tú aún no lo sabías, yo confiaba en ti, sabía que aunque te costara lo conseguirías y tenía claro que al final ibas a acabar disfrutando.

Reconozco que escucharte llorar cada mañana me hizo en algún momento sentirme perdida y agotada ya que nada podía hacer para que te sintieras mejor porque aún no había llegado tu momento.

El día que intentaste marcharte lejos, sentí que había perdido la capacidad de controlar la situación y que lo único que podíamos hacer era seguir confiando el uno en el otro. Sin duda, ése fue el momento de demostrarte que estaba a tu lado, que no iba a dejar que te pasara nada malo y así lo entendiste tú. Desde esa mañana desapareció tu llanto.

Aún nos quedaba mucho trabajo juntos ya que ahora que empezabas a estar tranquilo, tenía que conseguir motivarte para aprender. Pasaban los días y seguía respetando tu ritmo, entendí que estabas haciendo un gran esfuerzo por superarte y valoré cada pasito hacia adelante que dabas. Tú comprendiste el esfuerzo que estaba haciendo yo también y poco a poco me dejaste llegar más a ti.

Y así, sin prisa, fuiste soltando tus temores. Y así poco a poco fuiste entendiendo más cosas. Y así casi sin darnos cuenta empezaste a llegar a la escuela sonriendo. Y esta mañana me acordé de todo ello.

Ahora siento que aunque sigues mostrándote con timidez reconoces todo el camino que hemos recorrido juntos y me hace enormemente feliz verte sonreír cuando juegas con otros niños, cuando gritas sin control al lanzarte por el tobogán del patio porque no sabes muy bien cómo frenar, cuando mueves tu cuerpo al ritmo de la música mientras bailas en el pasillo, cuando abres los ojos como platos al sorprenderte por cosas que te llaman la atención o cuando te ríes a carcajadas al ver a tu profe, que soy yo, imitando al Pato Donald o a Ricitos de Oro.

Muchas cosas he aprendido contigo a lo largo de todos estos meses. He aprendido que todo pasa, que el miedo puede llegar a bloquearnos hasta dejarnos paralizados, pero hasta eso también pasa. He aprendido que siempre llega un momento en el que ya has llorado bastante, que cuando no tienes recursos para conseguir lo que quieres tienes que recurrir a otros planes, que la música une, que la cara es el espejo del alma y que el cariño sigue siendo lo más importante estés donde estés.

Dicen que el periodo de adaptación debe realizarse en una semana, pero nuestro comienzo ha durado mucho más y creo que esa era exactamente la forma en que debíamos hacerlo. Te prometo que el curso que viene seguiremos encontrando motivos para bailar.

Te quiere mucho.

Tu profe

Blog at WordPress.com.

Up ↑

Las aventuras del niño lechuga

Niños y grandes comemos lo mismo

Hello Hygge

Finding hygge everywhere

cuentosparamatilda.wordpress.com/

Los libros la transportaban a nuevos mundos y le mostraban personajes extraordinarios que vivían unas vidas excitantes. "Matilda" de Roald Dahl

Biblioabrazo

Blog sobre biblioteca escolar y literatura infantil.

Papá llega tarde

Y mal, a menudo también mal. Pero que conste que lo intento. Mucho.

MOMMY moments

El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación

Todos tenemos una historia...

Poesía y fotografía, ambas las hago mias.

El Alma de mi Aula

Artículos de opinión sobre educación y propuesta de materiales para Ed.Infantil y Ed. Primaria, especialmente Proyectos/Procesos de Trabajo.

Mi ventana al mundo

de Sol Silvestre