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La jirafa diminuta

cosas que pasan en un mundo de pequeños

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October 2017

Nos falta un tornillo

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La semana pasada tuvimos la oportunidad de resolver un problema. Un problema real que afectaba a “nuestra imagen” en el centro y ante los demás grupos de Educación Infantil: rompimos un triciclo que no era nuestro y debíamos encontrar una solución. Estaba casi entero, es cierto, pero al montarse varios niños de la clase sobre él a la vez habían saltado los tornillos y no se sostenía el sillín, así que era sumamente importante arreglar el desperfecto.

El diccionario de la Real Academia Española define que un problema es un conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin. Etimológicamente proviene del griego y es una palabra que está formada por el prefijo “pro” = delante y el verbo “ballein” = arrojar con fuerza. Por tanto ya en sus raíces percibimos esa connotación negativa que solemos dar a algo que debemos quitarnos de encima cuando antes: un problema.

Aunque los problemas nos preocupan, nos estresan, nos entristecen e incluso en ocasiones nos asustan y mucho, en la escuela ese conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de un fin puede aprovecharse para aprender algo nuevo.

El aprendizaje basado en problemas (ABP) es una metodología en la que los alumnos, guiados por el profesor, deben encontrar una respuesta o solución a un problema planteado de forma que al resolverlo correctamente se desarrollan habilidades de comunicación, exposición de ideas, trabajo en equipo, investigación, selección de la información y aprendizaje autónomo.

Las etapas por las que pasamos para solucionar nuestro problema fueron:

1. Analizar el escenario del problema: comentamos en gran grupo lo ocurrido y puse a los alumnos en situación de comprender que la resolución dependía de ellos y que tenían que, entre todos, encontrar una respuesta.

2. Realizamos una lluvia de ideas: cada niño tuvo la oportunidad de dar su opinión sobre cómo debíamos resolver ese problema. Algunas propuestas fueron: ir a comprar un triciclo nuevo, pedir al abuelo Macario su caja de herramientas, traer de casa unos tornillos nuevos, pedirle al conserje unos tornillos, llevarlo a casa de un niño cuyo padre es mecánico…y así hasta 22 ideas diferentes.

3. Desechamos las ideas que no encajaban para resolver nuestro problema: de entre todas las ideas que habíamos apuntado previamente, desechamos las que no encajaban en nuestra situación, bien por motivos económicos (no tenemos dinero para comprar un triciclo nuevo) o bien porque por motivos organizativos no eran prácticas (si lo llevamos al taller mecánico, no podremos devolver hoy el triciclo).

4. Escribimos qué cosas sabíamos y cuáles no: esta fase nos permitió saber que la herramienta para cambiar los tornillos se llamaba “llave inglesa”, que igual necesitábamos también un destornillador y que posiblemente tendríamos que pedir más tuercas. También descubrimos que Manuel es un buen mecánico, que Pedro tiene un banco de herramientas en su casa que le trajeron los Reyes Magos el año pasado y que a Lucía le encanta ir al taller de su abuelo cuando no hay cole.

5. Elaboramos una lista de tareas para conseguir la solución: el grupo directamente implicado iría a la clase de los compañeros a pedir el triciclo para arreglarlo, un segundo grupo elaboraría la nota que debíamos llevar a conserjería para pedir las herramientas al conserje, un par de niños se encargarían de ir a buscar nuestro triciclo antiguo para poder sacar los tornillos que faltaban y reemplazarlos en el triciclo estropeado, un cuarto grupo ayudaría a la profe a desatornillar los tornillos antiguos y los reemplazaría y finalmente todos iríamos a devolver el triciclo arreglado.

6. Seguimos el plan de trabajo: fuimos realizando las tareas de la lista y tachábamos las que ya estaban realizadas.

7. Presentamos los resultados: una vez arreglado, llevamos el triciclo a la clase del final del pasillo, pedimos disculpas por haberlo estropeado y nos volvimos a clase satisfechos.

Dedicamos una mañana entera a realizar este proceso, pero fue muy motivador. Ni que decir tiene que esta metodología nos permitió trabajar conceptos de matemáticas, lectoescritura y motricidad fina, pero también desarrollamos habilidades grupales, descubrimos que el conocimiento se puede utilizar en situaciones prácticas, aprendimos cosas nuevas, cambiamos los roles en el proceso de aprendizaje y nos sentimos parte de un grupo que trabajaba en equipo.

Ojalá, con suerte, esta semana surja algún otro problema.

 

 

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La máquina de sumas y restas

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Las matemáticas en Educación Infantil se tocan.

Dice el gran Jose Antonio Fernández Bravo que en la enseñanza de la matemática hay que entender que es desde la experiencia donde se generan ideas y si la matemática es una actividad mental, el que enseña tiene que trabajar necesariamente con las ideas que se generan en la mente a partir de la manipulación de diferentes materiales.

Los niños de estas edades aprenden a través de su cuerpo, cuando interaccionan con los elementos que les rodean y establecen relaciones entre lo que ya saben y lo nuevo que están experimentando.

Los objetivos de una sesión de matemáticas serían, según el profesor:

1. Que los niños se lo pasen bien.
2. Que el que aprende entienda y comprenda.
3. Que discuta sus ideas.
4. Que genere dudas y alternativas para encontrar otras respuestas y
que se apoye en otros compañeros para entender y dar significado.

Es importante tener en cuenta cómo se aprenden las matemáticas y llevar materiales que aporten al alumno claridad mental, ganas,gusto,reflexión,pensamiento,creatividad, observación, intuición, razonamiento y sobre todo emoción.

Con toda esta información en mi cabeza decidí preparar un material manipulativo para experimentar las dos operaciones sencillas que vamos a trabajar este año: LA MÁQUINA DE LAS SUMAS Y LAS RESTAS.

Los materiales que necesitas son sencillos:

– Una caja
– Dos rollos de cartón
– Cutter
– Velcro
– Pasta de modelar
– Tarjetas con números

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Durante días, cuando llegaba a casa después de clase me entretenía trabajando en el material y pensando en cómo podrían utilizarlo. Después de varias tardes, conseguí tenerlo terminado y una mañana lo llevé al aula para presentarlo. Cuando vieron la máquina les entusiasmó, se miraban entre ellos y se acercaban sorprendidos a mirarla de cerca: “¿Lo has hecho tú?- preguntaban.

La máquina funciona cuando introduces por un rollo un número determinado de bolas y sumas el número que introduces por el otro rollo. En el caso de las restas, introduces un número determinado de bolas y después sacas por la puerta lateral la cantidad que quieres restar. El resultado es el total de bolas que quedan dentro de la caja después de realizar la operación.

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Jugar con la máquina esa mañana supuso un momento único para observar, intuir, reflexionar y razonar, aunque sin duda lo más emocionante de todo fue ver sus caras cuando jugaban con ella, sus miradas de aprobación ante la posibilidad de manipular algo que había hecho yo para ellos con mis propias manos y su agradecimiento cuando al finalizar la sesión uno de mis alumnos se acercó para decirme: “Es una caja muy bonita, profe. Enséñasela a tu madre y… recuerda: queremos ponerle un botón”.

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