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La jirafa diminuta

cosas que pasan en un mundo de pequeños

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Reflexiones diminutas

Frases, imágenes, libros y otros recursos que pueden servir como inspiración.

Educar con co-razón

corazon

Después de más de un año de silencio en el que he aprovechado para replantearme muchas cosas a nivel personal y profesional, retomo esta aventura de bucear en el mundo de los pequeños como si de un proyecto nuevo se tratara.

Anduve tiempo explorando la manera de poder modernizar mi trabajo. Dediqué horas de estudio, formación y búsqueda para saber cuáles eran las nuevas metodologías o las corrientes pedagógicas de última generación. Me pasé días y meses intentando encontrar la forma de ponerlas en práctica en el aula, pero todo ello fue en vano porque me fue faltando poco a poco algo que nunca puede faltar en esta profesión: la ilusión.

Ya desde pequeña sabía que quería ser maestra. Me lo pasaba bien en el colegio y me gustaba aprender. Me encantaba el olor de los libros la primera vez que los abría en casa antes de forrarlos y disfrutaba mucho preparando la vuelta al cole.

Con 6 años ya tenía muy claro que quería dedicarme a la esto y por ello trabajé durante años hasta que lo conseguí. Mi primer día en un aula fue uno de los días más emocionantes de mi vida y digo “emocionantes” porque si me dejaba llevar por los acontecimientos podía ponerme fácilmente a llorar, pero a llorar de alegría, que es cuando se disfruta.

Y así transcurrieron mis primeros años de docencia entre interinidades, cambios de grupos, de colegios, de equipos y de metodologías hasta que todo se fue desmoronando poco a poco y… cayó.

Podría echar la culpa al sistema que no está organizado como a mi me gustaría, podría quejarme del feedback negativo que recibimos los maestros algunas veces lo cual afecta directamente a nuestra motivación, podría decir que tengo un grupo complicado en el que las cosas no salen como yo esperaba y todo ello posiblemente haya influido de alguna manera, pero lo cierto es que la ilusión no pertenece al sistema, ni al feedback, ni al grupo, la ilusión me pertenece a mi y si yo la pierdo soy la única persona que puede o no recuperarla.

Por ello volví a uno de mis maestros favoritos y releí su libro Educar con “co-razón”. En sus páginas, que recomiendo leer si no lo habéis hecho ya, encontré algo que resonó en mi cabeza como el gong del final de asalto y que me está ayudando a comenzar a recuperarme: “Muchas veces no buscamos sino ideas, recetas y soluciones mágicas, olvidando que la principal fuente de inspiración pedagógica se halla dentro de nosotros mismos…y a nuestro alrededor“.

Estoy dispuesta a poner todo lo que esté de mi parte para volver a emocionarme en el aula, para abrir bien los ojos y encontrar las fuentes de inspiración que estén dentro de mi y a mi alrededor, para seguir buscando la forma de disfrutar de mi trabajo en cada momento e implicarme totalmente para seguir educando con “co-razón”, porque si hay algo que me ha quedado claro después de estos meses de reflexión es que al igual que cuando tenía 6 años tengo muy claro que quiero seguir dedicándome a la enseñanza y ello implica no dejar de aprender nunca.

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Nuestro comienzo

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Querido R.:

Estamos entrando en la recta final del curso y aún recuerdo como si fuese ayer el primer día que entraste por la puerta del colegio. Tus pasos asustados y tu mirada huidiza delataban que iba a ser difícil para ti adaptarte a un lugar tan extraño. Un lugar en el que hablaban otro idioma distinto al que habías escuchado en casa desde que naciste. Un lugar repleto de caras nuevas, demasiadas quizá para alguien que nunca se había separado de sus padres.

Ese día iniciabas un proceso muy grande para un niño muy pequeño, pero ese día comenzábamos a caminar juntos y aunque tú aún no lo sabías, yo confiaba en ti, sabía que aunque te costara lo conseguirías y tenía claro que al final ibas a acabar disfrutando.

Reconozco que escucharte llorar cada mañana me hizo en algún momento sentirme perdida y agotada ya que nada podía hacer para que te sintieras mejor porque aún no había llegado tu momento.

El día que intentaste marcharte lejos, sentí que había perdido la capacidad de controlar la situación y que lo único que podíamos hacer era seguir confiando el uno en el otro. Sin duda, ése fue el momento de demostrarte que estaba a tu lado, que no iba a dejar que te pasara nada malo y así lo entendiste tú. Desde esa mañana desapareció tu llanto.

Aún nos quedaba mucho trabajo juntos ya que ahora que empezabas a estar tranquilo, tenía que conseguir motivarte para aprender. Pasaban los días y seguía respetando tu ritmo, entendí que estabas haciendo un gran esfuerzo por superarte y valoré cada pasito hacia adelante que dabas. Tú comprendiste el esfuerzo que estaba haciendo yo también y poco a poco me dejaste llegar más a ti.

Y así, sin prisa, fuiste soltando tus temores. Y así poco a poco fuiste entendiendo más cosas. Y así casi sin darnos cuenta empezaste a llegar a la escuela sonriendo. Y esta mañana me acordé de todo ello.

Ahora siento que aunque sigues mostrándote con timidez reconoces todo el camino que hemos recorrido juntos y me hace enormemente feliz verte sonreír cuando juegas con otros niños, cuando gritas sin control al lanzarte por el tobogán del patio porque no sabes muy bien cómo frenar, cuando mueves tu cuerpo al ritmo de la música mientras bailas en el pasillo, cuando abres los ojos como platos al sorprenderte por cosas que te llaman la atención o cuando te ríes a carcajadas al ver a tu profe, que soy yo, imitando al Pato Donald o a Ricitos de Oro.

Muchas cosas he aprendido contigo a lo largo de todos estos meses. He aprendido que todo pasa, que el miedo puede llegar a bloquearnos hasta dejarnos paralizados, pero hasta eso también pasa. He aprendido que siempre llega un momento en el que ya has llorado bastante, que cuando no tienes recursos para conseguir lo que quieres tienes que recurrir a otros planes, que la música une, que la cara es el espejo del alma y que el cariño sigue siendo lo más importante estés donde estés.

Dicen que el periodo de adaptación debe realizarse en una semana, pero nuestro comienzo ha durado mucho más y creo que esa era exactamente la forma en que debíamos hacerlo. Te prometo que el curso que viene seguiremos encontrando motivos para bailar.

Te quiere mucho.

Tu profe

La niña del lápiz marrón

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Había una vez una niñita que tenía un lápiz marrón y se encontró con un ratón llamado Frederick.” Éste es el punto de partida de una aventura extraordinaria que se desarrolla a lo largo de un curso en un aula de Infantil en el que la maestra Vivian Gussin Paley, autora del libro “La niña del lápiz marrón”, pasa su último año de trabajo como docente antes de despedirse definitivamente de la escuela.

La maestra cuenta en este libro la historia de su despedida y el descubrimiento de Reeny, una niña que siente especial predilección por utilizar en sus dibujos la pintura de color marrón. Motivada por el interés que demuestran los niños y las conversaciones que escucha entre ellos tras leer un cuento en el aula, decide dedicar su último año de trabajo a indagar junto a sus alumnos las posibilidades que ofrecen los libros de Leo Lionni.

A través del ratón Frederick, el pájaro Tico, el cocodrilo Cornelius, Pequeño azul y pequeño amarillo y muchos otros libros, los niños de esta escuela y su profesora abordan temas como el papel del artista en la sociedad, las condiciones necesarias para pensar, la influencia de la música y el arte en las emociones, el papel del individuo en un grupo, la amistad, el conocimiento de uno mismo o la interculturalidad.

Quizá parezca que todos estos temas constituyen una actividad intelectual demasiado intensa para niños tan pequeños, pero lo cierto es que tal y como afirma la auxiliar de Vivian en el libro, “los niños necesitan relatos como estos, relatos que despierten sus sentimientos y sus interrogantes más profundos”.

Sin embargo, este post no es una reseña sobre el libro. Ni siquiera es un post sobre los libros de Leo Lionni y tampoco voy a ofrecer actividades o pautas para realizar en el aula a partir de la lectura de los mismos. No.

Hoy escribo sobre este libro porque por alguna extraña motivación he vuelto a releerlo después de mucho tiempo. Éste es uno de los libros a los que recurro cuando mi ánimo desfallece un poco en el aula o cuando el cansancio hace estragos a mi motivación.

La niña del lápiz marrón” me transmite esperanza, ilusión por seguir haciendo lo que me gusta como me gusta y fuerza para volver mañana al colegio con ganas de escuchar a los niños y de seguir sabiendo quiénes son.

Cuando leí este libro hace ya algunos años me pregunté si acaso yo podría hacer lo mismo y registrar de una forma tan delicada las experiencias que un grupo de personas viven en su aula. Por eso creo que este libro fue una motivación que necesitaba para comenzar a escribir un blog como éste. Y creo que este libro es necesario para mi ahora porque necesito recordar que quiero seguir dedicándome a esto con pasión.

Yo también necesito que en la clase haya pasión. Necesito la intensa preocupación de un grupo de niños y maestras que inventan nuevos mundos mientras aprenden a conocer recíprocamente sus sueños.” Ojalá yo pueda seguir diciendo cosas tan bonitas de mi profesión el año que me despida de mi trabajo como docente y ojalá sea dentro de mucho tiempo.

Sensaciones de una maestra con mochila

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Cuando viajo me gusta llevar siempre una libreta, un bolígrafo y los cinco sentidos despiertos en el interior de la mochila.

Trabajando con niños en el colegio he aprendido que para conocer tienes que sentir, y es lo que me propongo cada vez que me dispongo a pasar unos días lejos de casa.

Los olores que percibo, las imágenes que veo, los sabores que descubro, el sol en la piel, las palabras nuevas, las personas que encuentro,…todo queda reflejado en las hojas del cuadernillo de viaje y después con el paso del tiempo recurro a ellas para revivir lo que ha quedado grabado en mi memoria.

La semana pasada, aprovechando las vacaciones escolares, preparé la mochila con todo lo necesario y me dispuse a conocer/sentir un lugar en el que no había estado nunca. Estas son las anotaciones que quedaron plasmadas en la libreta de una maestra con mochila:

Oporto huele a incienso, a agua y a comida en la calle. Oporto huele a humedad, a decadencia y a bohemia. Huele a encurtidos en vinagre, a flores y a especias en el mercado de Bolhao. Oporto huele a lluvia y a mar, a bacalao a la plancha, a queso fundido, a aceite de oliva y a madera mojada. Huele a nostalgia, a casa vacía, a épocas pasadas y a rincones para recordar.

Oporto suena a gaviotas, a tranvía y a Fado. Suena a campanas, a chapoteo en los charcos y a gorjeo de palomas en suelos adoquinados. Oporto suena a jazz, a trompeta, a tumulto de turistas que pronuncian la “Ñ”, a vino blanco golpeando en la copa, a gotas de lluvia golpeando el cristal y a agua de río golpeando el mar.

Oporto es viento fresco en la cara, es decorar las fachadas con azulejos y recorrer las calles en cuesta observando a los lados las tiendas de segunda mano. Oporto es una escuelita infantil con una pequeña puerta roja y cortinas a cuadros que encuentras por casualidad cuando vas paseando por el centro y que te invita a mirar a través de sus ventanas con el fin de imaginar cómo serán allí las mañanas de un lunes cualquiera. Oporto es un neón en el escaparate, es una librería antigua con escaleras, es la hora del café con unos bollitos de nata, las plazas con estatuas, los parques, sus puentes y mil y una terrazas con vistas al Duero.

Citando a Fernando Pessoa, uno de los grandes poetas portugueses del siglo XX: “Para viajar basta existir” y yo, en un arrebato de osadía descontrolada, quiero añadir que para existir basta sentir. Sentir como lo hace un niño. Espero no dejar de hacerlo nunca.

Que tengáis feliz vuelta al cole!

Hablemos de amor

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No soy muy partícipe de celebrar o mencionar el famoso Día de los Enamorados en la escuela porque no en todas las partes del mundo se celebra el 14 de Febrero ni de la misma manera y porque me da la sensación de estar inculcando “el valor” de una conducta comercial.

Pero sí me gusta hablar de amor. Me gusta hablar de amor en todas sus formas y me gusta saber qué piensan los niños sobre este sentimiento que como bien sabemos, “mueve montañas”.

Hay cuatro libros que me gustan especialmente para hablar sobre este tema con mis alumnos:

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amor 2

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(Seguro que vosotros tenéis vuestra propia lista y me encantaría conocerla)

Pero, éste no es un post para hablar sobre cómo de alguna manera transmitimos a los niños la idea de amor romántico que nos han inculcado tradicionalmente, ni de los mitos que no han hecho creer que somos “medias naranjas” en lugar de naranjas enteras, que existen las almas gemelas o que el destino marca el momento exacto en el que encontrarás a tu “pareja ideal”.

Éste no es un post para hablar de cómo esa concepción del amor está cambiando recientemente. De cómo los niños en la actualidad crecen afortunadamente sabiendo que hay diferentes formas de expresarlo o de cómo las concepciones personales que cada uno de nosotros y nosotras tiene sobre este sentimiento también tienen cabida en nuestras mentes y por consiguiente en nuestra sociedad.

Éste es un post para invitaros a hablar de amor con los niños que os rodean (hijos, sobrinos, alumnos, vecinos…etc). Preguntadles qué es para ellos el amor y anotad sus respuestas (recordad que todas son válidas). Guardad vuestras notas, leedlas cuando haya pasado el día de mañana y reflexionad!!!. Si además os animáis a compartir vuestras reflexiones, conseguiremos que el amor inunde la realidad virtual. ¿Quién se apunta?

 

Un descanso diminuto

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Ilustración de Coco IlustrArt

Ayer comenzaron oficialmente las vacaciones escolares de Navidad. Entregué los trabajos, abracé a mis alumnos, me despedí de las familias y corrí el telón.

Terminaba un trimestre intenso, repleto de cambios, de comienzos y de situaciones revividas.

Entornos distintos, caras diferentes y esfuerzos por adaptarme a lo nuevo.

Ahora llega el momento de descansar, de respirar hondo y tomar carrerilla para empezar el trimestre que viene con toda la ilusión y la esperanza que mis alumnos y sus familias se merecen.

Durante las próximas semanas el blog se toma un descanso diminuto, o más bien me lo tomo yo.

Dedicaré los días que tengo libres a recomponer fuerzas, a meditar, a acariciar a mi gata, a cocinar y a tejer, a contar cuentos, a leer cuentos y a escribir cuentos, a hacer pompas de jabón, a soñar, a cantar, a bailar, a pensar en nuevas ideas para ofreceros el año que viene, a disfrutar de las cosas bonitas y a amar.

Aprovecho este último post del año para daros a conocer el trabajo de una gran amiga y compañera. Ilustradora, maestra de Primaria, amante de los colores, y tal y como se define ella misma en su página de Facebook “Aprendiz de maga de acuarela. Pintora de palabras, versos, cuentos e historias que pasan y experta en emociones.Gracias por tu generosidad Coco!!! El mundo necesita maestr@s a los que les brillen los ojos.
Os animo a que disfrutéis de la delicadeza y sensibilidad de sus creaciones en https://www.facebook.com/coco.ilustrart/?pnref=story

A mi me encantan!

Nos vemos a la vuelta.

¡Feliz Navidad!

Corazones de tiza

tizas suelo

Esta semana quiero dedicar el post a esos “pequeños” corazones que me enseñan cada día a ser un poquito más grande. A todas las PERSONITAS con mayúsculas que comparten, compartieron y compartirán conmigo sus logros y sus fracasos.

A los que están hoy y me dicen que “los lunares son como estrellas”, a los que han estado y aún me abrazan cuando me recuerdan y a los que vendrán con mil frases en próximas estaciones.

A mis alumn@s, porque me ayudáis a ver el mundo con los ojos de un niño, porque me guardáis el alma, porque encontrarme con vosotros es un viaje precioso, porque me sonreís cada día y porque veros crecer me impulsa a seguir aprendiendo.

“Iremos a escuchar Harlem en la esquina de Manhattan
Le daremos color al té en los zocos de Amán
Iremos a nadar al río Senegal
Y veremos arder Bombay bajo luces de bengala.
Iremos a rascar el cielo por debajo de Kyoto
Sentiremos latir el corazón de Río de Janeiro
Alzaremos los ojos hacia el techo de la Capilla Sixtina
Y alzaremos nuestras copas en el Café Pouchkine.
Oh, qué bella es nuestra suerte,
en los miles de colores del ser humano
Entrelazados con nuestras diferencias
En los cruces del destino.
Vosotros sois las estrellas, nosotros somos el universo
Vosotros sois un grano de arena, nosotros el desierto
Vosotros sois mil frases y yo soy el lapicero.
Vosotros sois el horizonte, nosotros somos el mar.
Vosotros sois las estaciones, nosotros somos la tierra.
Vosotros sois la orilla y yo soy la espuma.
Diremos que los poetas no tienen banderas
Haremos tantos días de fiesta como héroes tengamos
Sabremos que los niños son los guardianes del alma
Y que hay tantas reinas como mujeres.
Diremos que los encuentros hacen los viajes más bellos
Veremos que solo merecemos lo que se comparte
Escucharemos la música cantada en todas partes
Y sabremos dar lo mejor que tenemos dentro.
Oh, qué bella es nuestra suerte,
en los miles de colores del ser humano
Entrelazados con nuestras diferencias
En los cruces del destino.
Vosotros sois las estrellas, nosotros somos el universo
Vosotros sois un grano de arena, nosotros el desierto
Vosotros sois mil frases y yo soy el lapicero.
Vosotros sois el horizonte, nosotros somos el mar.
Vosotros sois las estaciones, nosotros somos la tierra.
Vosotros sois la orilla y yo soy la espuma.”

Vosotros sois mil frases…

On ira. Música y letra de Zaz.

 

Diario de una maestra

https%3A%2F%2F40.media.tumblr.com%2F3230c1ce930b50397ff53849181a2518%2Ftumblr_mz0oy2MrCd1r8xt4ho1_1280Suena el despertador. Aún no ha amanecido y empieza la jornada aunque ni siquiera he llegado al colegio. Me pregunto cómo estará el niño que ayer se marchó a casa llorando y cómo vendrá hoy “el que siempre entra enfadado”.

Me preparo el café y me siento a comer algo mientras recuerdo mentalmente qué debo decir a los padres que luego vienen a reunirse conmigo para que les informe de los avances de su hijo en el colegio.

En la ducha repaso lo que tengo programado para hoy: ¿he preparado las fotocopias? ¿tengo las cartulinas? ¿había algún cambio de horario debido a las necesidades del centro?……

Conduzco y aunque aprovecho ese momento para cantar, sigo pensando: “Tengo que preguntar a los padres de Rafa si ya le han llevado al médico para hacerle la revisión. Espero que le pongan gafas porque las necesita”.

Suena el timbre y abro las puertas. Ahora sí, oficialmente empieza la jornada. Saludo a todos según van entrando, les ayudo con los abrigos y les dedico unos minutos. “Hola, buenos días. ¿Qué tal has dormido?¿Cómo estás hoy? ¿Te dolía la tripa? ¿Ya estás mejor? ¡Te hemos echado de menos!”… y así hasta 22.

Conseguimos sentarnos todos para empezar. Hoy tengo preparado algo realmente interesante, pero rápido debo cambiar de planes cuando observo que el interés de los niños se dirige claramente hacia los calcetines nuevos de Dani porque “tienen orejas”. Resuelvo bien y consigo que esa situación imprevista nos permita trabajar algunos conceptos matemáticos y por qué no, también reírnos un poco.

Llega el momento de jugar por equipos. Mientras unos juegan otros se sientan conmigo para profundizar un poco más en el concepto “grande-pequeño”. Me acerco a un par de niños que pelean por la pizarra mágica y les oriento a resolver el conflicto. Hago observación general de todos los demás para ver cómo se relacionan, a qué están jugando, cómo usan los materiales, si están hablando entre ellos y de qué. Sigo profundizando.

Antes de salir al recreo y mientras ellos desayunan, me da tiempo a leer el informe del logopeda que ha traído una madre. El niño necesita intervención, pero la familia no tiene recursos. Tengo que hablar con quien corresponda para iniciar el protocolo. A ver si luego antes de irme puedo pasarme por su despacho y lo resolvemos.

En el patio tenemos dos accidentes. Uno de ellos con sangre de por medio y hay que poner hielo. Además Laura se ha caído al resbalar con la arena y se ha raspado las manos. En realidad está bien, pero necesita sentirse acompañada así que la acompaño. Un niño se acerca porque tiene frío, le cojo  las manos y también le acompaño. Busco con la mirada “al que siempre pelea por el triciclo”, espero que hoy esté más tranquilo y que disfrute.

Volvemos al aula. Descansamos, cantamos, jugamos con el ordenador, leemos un cuento y volvemos a jugar. Aprovecho para sentarme a hablar con “el niño que no quiere venir al colegio”. Lo sé porque me lo ha dicho su madre y está preocupada. Tengo que hablar con ella.

Antes de salir ayudo al que “aún no sabe bajarse los pantalones” para ir al baño. Hoy prefiero que no se moje la ropa y estoy segura de que él también lo quiere así.

Nos despedimos. Me reúno con los padres que necesitan orientación. Reviso cuántos niños faltan por traer la autorización para ir a la excursión. Subo al despacho de quien corresponde para comentar lo del niño que necesita un logopeda y ofrecerle la ayuda necesaria. Parece que vamos a resolverlo.

Antes de marcharme tengo que llamar a la familia de Pablo para que le traigan más ropa de cambio. Salgo del colegio, conduzco y mientras canto pienso en el niño “al que van a ponerle gafas”. Me alegro porque las necesita.

Llego a casa y busco recursos para el taller de plástica que vamos a hacer la semana que viene. Investigo un poco sobre nuevas formas de hacer las cosas. Grabo las canciones para el festival de Navidad y mientras tanto me pregunto, cómo estará hoy el niño que se fue a casa llorando.

Se hace de noche y ya no estoy en el colegio, pero sigo trabajando. “No puede existir dedicación más hermosa que ésta” (Historia de una maestra. Josefina R. Aldecoa)

Me sorprende que lo que más llame la atención de los maestros sigan siendo nuestros días de vacaciones.

Que no se pierda la magia

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Día tras día se niega a los niños el derecho de ser niños. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, el mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, y a los del medio, a los que no son ni pobres ni ricos, el mundo los tiene bien atados a la pata del televisor para que desde muy temprano acepten como destino la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”. Eduardo Galeano

Por el derecho a ser niño o niña. Que no se pierda la magia.

20 de noviembre, Día Internacional de los Derechos del Niño.

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